7/12/17

EL NARCICISTA ES UNA VÍCTIMA: Comprender el problema

EL NARCICISTA ES UNA VÍCTIMA: Comprender el problema

EL NARCICISTA ES UNA VÍCTIMA: Comprender el problema

libresdelnarcisista.blogspot.cl

 Los narcisistas son seres humanos como tú y como yo. Por supuesto, su condición mental, el grave trastorno psicológico que sufren, ha coartado enormemente el pleno desarrollo de aquello que nos hace verdaderamente humanos, como la empatía, por ejemplo, o la conciencia moral. Con todo, no constituyen una especie diferente a la nuestra, son hombres y mujeres como nosotros, personas rotas y perturbadas, pero personas al fin y al cabo.

Quizás no nos damos cuenta totalmente, pero sufrir este trastorno de personalidad es para cualquier ser humano, y para su entorno inmediato, una verdadera tragedia.

No nos dejemos engañar por la aparente vida feliz del narcisista, esa imagen que proyectan es una falacia. Detrás del escenario, su existencia es una pesadilla sin fin.

Los narcisistas son víctimas.  No en el sentido que ellos pretenden hacernos creer cuando manipulan las situaciones de tal manera que parezca que somos nosotros sus verdugos o victimarios. Eso forma parte de su juego narcisista, se trata de un mecanismo defensivo para justificar su conducta abusiva y proyectar en nosotros la responsabilidad de sus acciones.

Los narcisistas son víctimas de su propio trastorno de personalidad, con todo lo que ello implica, especialmente la percepción torcida que tienen de sí mismos y de los demás. Ellos están convencidos que lo que creen de sí mismos, y proyectan externamente, es totalmente cierto. En ese sentido, han roto, verdaderamente, con la realidad.

 Muchas víctimas de los narcisistas tienen problemas para reconocer la condición de víctimas de aquel que ha perpetrado, deliberadamente, el abuso que han sufrido. Les parece que de esa manera se excusa la responsabilidad que tiene el abusador acerca del daño que han causado o se justifica su comportamiento devastador.

Los narcisistas son víctimas, lo cual no cambia en absoluto su condición, siguen siendo tóxicos, manipuladores y destructivos por lo que la recomendación es romper todo contacto con estas personas y permanecer alejados de ellos lo más posible

Saber que la persona que me ha hecho tanto daño es, al mismo tiempo, víctima de un trastorno de personalidad narcisista no cambia para nada la realidad tremenda del abuso. Se trata, sencillamente, de comprender cabalmente lo que significa sufrir este patrón trastornado de personalidad y su dinámica.

Entender el narcisismo patológico es el camino para que la interacción, a veces inevitable, con estos trastornados nos cause el menor daño posible.

Por lo demás, salir de la trampa del narcisista, del enganche emocional y psicológico en el que muchas víctimas están atrapadas, requiere entender su modo de pensar y lo que se esconde detrás de sus acciones.

Por parte de nosotros se trata de un aprendizaje. Cuando sabemos cómo responder adecuadamente a sus juegos y tácticas, cuando aprendemos a reconocer lo que hay tras sus actos y palabras, lo que buscan, cómo se comportan, recuperamos el control y el poder que nos arrebató cuando nos metió en su burbuja, nos sedujo, nos acondicionó y luego nos devaluó y descartó.

Fracasamos cuando interpretamos lo que hemos vivido con el narcisista con la misma perspectiva con la que hemos enfrentado otras relaciones en nuestra vida. Frente al arsenal narcisista nuestra lógica de personas empáticas no funciona, e incluso puede contribuir a agravar el abuso que sufrimos.

No se puede resolver un problema, ni el del narcisista ni cualquier otro, a menos que logremos entenderlo. Así de claro.

Entender es sumamente importante en nuestra superación del abuso. Por ejemplo, creer que el narcisista se ha enamorado realmente de su nueva fuente o pareja, y sufrir por ello, es muy comprensible, desde luego, pero es una interpretación que hacemos de los hechos desde nuestra lógica empática. Comprender lo que sucede realmente, saber que las relaciones narcisistas siguen un ciclo marcado por la búsqueda de combustible, que estas personas son incapaces de amar, y que, además, nuestro sufrimiento ha sido perversamente buscado para que sirva de suministro, es ver el problema desde la óptica correcta, la del narcisista.

 Otro ejemplo: El narcisista nos ataca verbalmente, nuestra tendencia natural es a contraatacar o a defendernos, eso es lo que haríamos en cualquier relación humana. Sin embargo, al reaccionar emocionalmente le estamos enseñando al maltratador como puede suscitar en nosotros respuestas que le sirvan de combustible. El problema, en vez de resolverse, se agrava. En cambio, si nos damos cuenta de su juego al provocarnos, y aprendemos a no reaccionar, no le damos ninguna respuesta emocional, e inmediatamente el narcisista dejará probablemente de atacarnos por ese flanco.

Esa es la diferencia entre entender y no entender el problema narcisista. La comprensión nos da la ventaja que necesitamos. Por eso es tan importante educarnos.

Por otra parte, entender lo que significa este trastorno y la dinámica de una relación con un narcisista, nos ayuda a librarnos del odio, una respuesta muy comprensible frente a la devastación que este sujeto ha causado en nuestra vida.

El odio es una emoción muy intensa que nos impide romper las amarras con el abusador y que dificulta nuestra sanación. Es un proceso que tienen que vivir muchas víctimas, especialmente después de decretar el Contacto 0, irse liberando de las ataduras del odio a través de la comprensión cabal del trastorno narcisista y del abuso que han sufrido.

La comprensión nos ayuda a dejar de ver a estos trastornados como si fueran unos monstruos llenos de maldad. Detrás de la conducta atroz del narcisista hay un niño traumatizado y lleno de miedo, un niño perdido y enfadado, un niño frágil, carente de identidad real, incapaz de conectar emocionalmente con nadie, que depende de las reacciones emocionales de los otros para subsistir, sometido a un puñado de emociones primitivas y a los caprichos de su ego infantil.

Comprender esto no significa que neguemos la peligrosidad de estas personas para la salud emocional y psicológica de quienes se relacionan con ellos.

 Su condición de víctimas tampoco les exonera de su responsabilidad frente a las acciones, todas intencionadas, que cometen, y que no tienen otro fin que obtener suministro narcisista o combustible, la droga de la cual son verdaderos esclavos.

Una persona que sufre de alcoholismo no deja por eso de ser responsable de las consecuencias que acarrea, para él mismo y para la sociedad, su ingesta de alcohol. Lo mismo sucede con el narcisista, él sabe perfectamente lo que hace y la destrucción que generan sus acciones. Aunque comprendamos su trastorno, ni lo excusamos ni lo libramos de su responsabilidad.

Los narcisistas no son extraterrestres, son seres humanos. En ellos lo humano, claro está, ha sido herido y corrompido, lamentablemente de manera irreversible, a causa de un trastorno de personalidad.

Comprender lo que significa esta realidad es el camino de liberación del abuso narcisista.

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