24/4/17

Seducción, son encantadores de serpientes

Seducción, son encantadores de serpientes

silviarodriguez.es

Los psicópatas se presentan como personas encantadoras, atractivas, bien parecidas y con grandes habilidades. Suelen tener un nivel intelectual alto, un discurso fácil y llamativo.


Parece que saben de todo, se expresan con habilidad, su discurso es fluido y congruente.

Da la sensación de que saben lo que tienen que decir en cada momento e incluso hasta lo que quieres o necesitas escuchar. Suelen aparentar ser individuos cordiales, bonachones, generosos y afectuosos, que se preocupan por los demás e intentan ayudar. Su comportamiento suele ser educado y encantador. En resumen, que no les falta detalle y así, cuando la víctima encuentra a su psicópata cree que le “tocado la lotería”.

En un primer momento el comportamiento del psicópata con su víctima será perfecto: dirá y hará cuanto ésta quiera y precise. Pero, aunque pueda parecer un adivino que es capaz de detectar y cubrir sus necesidades, la información que tiene ha salido de boca de la víctima con anterioridad. La expresó de forma natural y espontánea, tanto, que no es ni tan siquiera consciente de toda la información personal que ha dado a un sujeto que sabrá usarla para su propio provecho, engatusándola desde un primer momento, si ha sido elegida como víctima.

Esta etapa de seducción es como vivir en un sueño. El psicópata, además de cubrir con creces lo que el otro desea, hace regalos -sean o no de valor económico-, siempre revestidos de un gran valor sentimental; comparte secretos, libros, música y cuenta historias personales que “con nadie compartió antes”. En resumen, despliega toda la artillería pesada para crear esos lazos afectivos y esa intimidad que un “no narcisista” necesita para formar pareja. Pero lo hace a base de mentiras. El seducido escucha activamente dando pie a conversaciones encantadoras que parecen un baile perfecto entre dos, que los hace vibrar al mismo son.

Conforme pasa el tiempo, dispone de más información sobre la víctima que posteriormente usará para cubrir sus particulares necesidades. Poco a poco, o rápidamente, se hará un hueco en su vida; es decir, creará expectativas de futuro, lanzando promesas que cumplen los deseos de la víctima, incluyéndose en sus proyectos de vida, como por ejemplo el casarse, el tener un hijo, el mudarse a vivir a la playa, crear el negocio deseado…

No sólo prometerá, sino que dará señales evidentes de que el proyecto compartido está en pie y de que comparte con la víctima sus mismos deseos creando un clima de compromiso tanto con la pareja como sus planes de vida. Llevará planos de viviendas perfectas, o habrá mirado fechas o lugares, o incluso menús para la futura boda.

Se esforzará en solucionarle problemas o por tranquilizarla en sus inquietudes o dudas cotidianas. No escatimará alabanzas o adulaciones que la hagan sentir especial. Así, la víctima terminará por creer que  ha encontrado “a la persona que lleva toda la vida esperando”: la perfección hecha realidad, la pareja ideal,  todo virtudes y con pequeños defectos humanos que se pueden modificar. ¿Y cómo no enamorarse de tal lotería?… Hay que ver, ¡cuanto daño nos han hecho los cuentos de hadas y los estereotipos de princesas y príncipes azules!

Con el avance de la relación y ante  las posibles dudas o discrepancias que puedan surgir a la víctima, el psicópata no la dejará escapar, volverá una y mil veces con la intención de  retomar la relación haciendo y diciendo lo que sea necesario para obtener el perdón.

Llegados al punto de las rupturas y reconciliaciones y aunque se comporte como un gentil caballero que adora a su princesa, ya no hay vuelta atrás. Cada vez que la victima perdona es un paso más hacia su destrucción. De una forma no intencionada, la víctima, en cada ocasión que perdona, no hace más que darle poder al manipulador en lo que a su vida se refiere. Además, en las idas y venidas, le ha mostrado dónde está su limite y cuál es punto más débil para conseguir el perdón, algo que utilizará con total maestría en ocasiones venideras.

Además, es en estos momentos, en las reconciliaciones, en los que se produce el total enganche al psicópata.


La víctima muestra sus debilidades y el/la psicópata las acepta y se compromete a respetarlas.

Pero además de luces, empiezan a vislumbrarse pequeñas sombras. El psicópata empieza pronto a destapar ciertas carencias, pero éstas son debidas sobre todo a la mala suerte. Sí, según su  interpretación de la realidad, la mala suerte se habrá cebado con él/ella, sobre todo en el amor. La víctima tomará como un reto personal ayudar a la persona que ama y compensar todas las frustraciones, miedos o carencias que pueda tener. La empatía y compasión -propios del perfil de  personas no narcisistas- la convierten en el eslabón más débil de la cadena.


No olvidemos que el perfil de la víctima no ha sido seleccionada a la ligera.

Hablamos de una persona con gran necesidad de cuidar, de dar, que querer y de sentirse querida. La víctima es una persona que basa su autoestima en las respuestas que recibe del ambiente, de quien/es le rodean, que busca desesperadamente el amor y que con frecuencia lo basa en estereotipos poco reales. Generalmente el modelo de amor que ha vivido la mayor parte de su vida es un amor poco estable y basado en compensaciones  que conllevan cierto grado de dolor. Considerar este punto es clave para entender por qué la víctima no detecta las señales iniciales que una persona con una autoestima más sólida y otra experiencia vital detectaría rápidamente.


La seducción del psicópata es siempre una traición, desde el primer momento.


Porque se basa en mentiras que se orientan a conseguir un objetivo. No duda en hacer uso de afirmaciones y promesas falsas para conseguir que otra persona haga algo que de otro modo no haría. Y el primer paso es conseguir la confianza de la víctima, su admiración y su compasión.


La seducción perversa del narcisista-psicópata utiliza el instinto protector del otro para sacar provecho de la victima.

Son conscientes de que las personas, en su mayoría, buscan aprobación, tranquilidad y, más que nada, sentirse valorados. Si a esto le sumamos que suelen elegir a personas con dependencia emocional y con una autoestima deficitaria, la seducción está conseguida.

La etapa de seducción es particular en cada caso y suele durar el periodo que el psicópata considera necesario para ganar la absoluta confianza, credibilidad y admiración de su víctima. Una vez superada esta etapa, la relación cambiará radicalmente.

También es importante tener en cuenta que un psicópata se puede embarcar en varias relaciones al mismo tiempo. Su ego necesita muchos y constantes mensajes de poder. La evolución del conjunto de relaciones que compagina puede contribuir a que el proceso de seducción se alargue o acorte en el tiempo. Lo que vendrá después ya no será tan bonito y es, desde el principio, parte de una estrategia planificada y estudiada por el individuo y que pronto su victima experimentará.

Para un psicópata su pareja no es más que un seguro para tener sus necesidades cubiertas durante un periodo de tiempo más o menos largo. Una vez que la victima deje de ser útil o complaciente, ya no será de utilidad y será un objeto a desechar.

El cambio de actitud de la víctima puede estar motivado por diferentes causas: por decisión propia, por un suceso o hecho importante que despierte su instinto de protección -como una agresión más violenta que las habituales-, por descubrir las mentiras o la manipulación o bien porque las consecuencias de mantener una relación con una persona como ésta la suman en un estado de depresión en el que “ya no resulta útil.”

En esos casos, la víctima pierde todo el valor para el agresor, que la desligará de su vida, no sin antes haber sacado todo el provecho posible, generalmente de índole económica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario